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Preparación del Vehiculo para el invierno
España no es un país en el que padezcamos situaciones
climática extremas de frío, nieve o lluvia, salvo en casos y situaciones muy
aisladas. Sin embargo, las condiciones del tráfico en muchas ciudades grandes,
junto con la acción del clima típicamente invernal, producen en el automóvil
erosiones y anormalidades que debemos tener en cuenta.

Sistema eléctrico: El
sistema eléctrico es el que más va a sufrir. Hasta el punto de
que podemos llegar una mañana y encontrarnos con que el motor no arranca.
Esto es debido a la gran demanda de energía que se produce en momentos
determinados y que puede dejar completamente descargada una batería.
La situación típica que lleva a esta avería es el clásico
atasco en el que nos encontramos inmersos durante una hora, con las luces puestas,
los limpiaparabrisas funcionando, el motor de la calefacción a tope,
la radio encendida y el motor al relentí hasta que llegamos a casa. A
la mañana siguiente giramos el contacto. El motor se mueve perezosamente,
demasiado
despacio para provocar la combustión interna en un bloque que se encuentra
a 5 grados bajo cero. Lo dejamos quieto, y unos momentos después lo intentamos
de nuevo. Ya no hay forma: el motor de arranque no recibe la suficiente energía,
no tiene fuerza para mover la corona del volante. Debemos decirle a nuestro
taller que nos revise la batería y el sistema eléctrico. Si el
acumulador no se encuentra al cien por cien de su capacidad es preferible cambiarlo
ahora. El taller debe comprobar que nuestro sistema eléctrico no demanda
más energía de la que nuestra batería puede dar. Esto,
que a primera vista podría parecer una situación anómala,
no lo es en absoluto. Existen muchos coches que han sido dotados de exceso de
equipamiento eléctrico sin que se haya actualizado a un acumulador más
poderoso. En primer equipo, aunque es más raro, también ocurren
estas cosas, sobretodo en modelos Top Line, que son los mismos que el modelo
base pero con mucho más equipamiento. Lo mejor es asegurarse y que nuestro
taller de electromecánica nos diga (mediante una lectura de consumo de
todos los componentes instalados) cuál es la demanda más alta
que podemos provocar y cuál es el factor de respuesta de nuestra batería.
La carrocería: Basta
con pasar un dedo sobre un coche estacionado en invierno para entender lo alta
que es la contaminación de las ciudades en estos meses, en los que se
encienden las calefacciones de las comunidades, todo está atascado de
coches quemando combustible en malas circunstancias y la presión atmosférica
es tan alta que el agua de la lluvia se vuelve ácida y contaminada antes
de llegar al suelo. Si tenemos en nuestra carrocería puntos de chapa
que han quedado al descubierto (por rasguños, golpecitos, saltos de piedras,
etc) se oxidarán arruinando toda la pieza. Es recomendable reparar todos
aquellos defectos que veamos, e incluso llevar el coche al taller para que nos
revisen el estado general en que se encuentra la carrocería, pues podría
tener al descubierto zonas importantes (bajos, largueros, pasos de rueda, etc)
y que nosotros no alcanzamos a ver.
Sistema de refrigeración: La
vida del anticongelante no es eterna. De hecho debe cambiarse al comienzo de
cada nuevo invierno, pues las altas y mantenidas temperaturas del verano tienden
a degradarlo. Si dejamos el coche aparcado a la intemperie y la temperatura
baja tanto que el líquido refrigerante se congela, éste, en su
dilatación, puede rajar el bloque motor, o en su defecto saltarán
los tapones anticongelación. En cualquiera de los dos casos se producirá
una avería cara. Un buen consejo es sustituir el liquido refrigerante
por otro nuevo cada invierno. Además, es una operación sencilla
y económica.
Sistema de lubricación: Muchos
aceites de viscosidades SAE de 20w en adelante, al degradarse tienden a volverse
muy densos a baja temperatura (se convierten casi en una grasa). Durante el
verano no lo notamos porque la temperatura rara vez cae por debajo de 15 ó
20 grados en el bloque de motor, pero en invierno ocasiona problemas de arranque
en frío. El motor se tiene que mover inmerso en un material viscoso,
demandando al motor de arranque una intensidad de giro que éste no posee,
porque la batería no esta capacitada para hacer frente a esa demanda.
El resultado neto es que la batería se termina estropeando. Comprobar
el aceite y ante cualquier duda sustituirlo por un SAE 5 ó 10w.
Neumáticos, suspensión
y frenos: El agarre de los neumáticos al suelo (coeficiente
de adherencia) disminuye drásticamente cuando la superficie se encuentra
mojada. Y no digamos ya cuando hay nieve, hielo o restos de grasa. Es fundamental,
no sólo que nuestros neumáticos exhiban un dibujo perfecto, sino
que además la goma se encuentre en buen estado. También es muy
aconsejable comprobar el estado de los amortiguadores y de los frenos (pastillas/zapatas
y discos). La diferencia entre parar en dos metros evitando una colisión
y hacerlo en tres sin poder evitar el golpe con el de delante radica en unos
pocos milímetros de dibujo en la banda de rodadura y un 10 por ciento
más en eficacia de los amortiguadores y en los frenos.
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